¿Quién tiene la razón?

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Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido.  Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. I Corintios 13:1-2

Me ha llevado a reflexionar mucho este texto, mas aún pensando que fue dirigido a una Iglesia metida en el corazón de la filosofía humanista, como es Corinto.   Esta postura nos invita a revisarnos, porque vivimos como en aquel entonces, buscando siempre la verdad, quien tiene la razón, porque el que tiene la razón se encumbra por sobre el otro, aunque sea por un momento.

Por la pelea de quien tiene la razón, se han divorciado parejas, se han hecho guerras, se han dividido iglesias, se han peleado amigos, y con ello, se van generando cadenas. Quizás como padres o madres se han visto como los hermanos se pelean, y seguramente eso provoca una herida como un puñal en el corazón. Eso mismo -creo yo- pasa cuando los hijos e hijas de Dios se pelean. ¿Porqué? Por la verdad, aún más, por la doctrina, por la Biblia.   El apóstol nos está diciendo: “Mira supongamos que tu tienes la verdad, tu eres el mejor predicador, tu eres el mejor en misericordia, tienes toda la fe, tu tienes la verdad, te concedo tu eres un beneficiado, pero ¿de qué te sirve si no tienes amor? Puedes conocer todos los secretos del mundo, pero si no sabes manejar esa información, puedes tener los dones espirituales más importantes, pero si no se maneja con amor, de nada me sirve.

El amor produce ir más allá de mis pensamientos, poder enmarcar muy bien los problemas pensando que más allá de ellos hay personas, hay sentimientos, hay dignidad y calidad de vida, o como dice la Biblia, Vida Abundante.

El amor me hace salir de mi ensimismamiento, me hace mirar hacia afuera, hacia el otro no como mi enemigo, sino como alguien que también es necesitado, quizás como yo, o, más que yo.

No estoy diciendo que buscar la verdad o estar en ella, o todo lo que nos dice el apóstol sea secundario o poco importante, lo que pasa es que ninguna de las cosas que -como cristianos- hacemos adquiere valor sino pasa por otra mirada, la del amor, donde me coloco como un siervo, donde, si tengo algunas de esas cosas, debo pedir, no solo sabiduría sino un corazón compasivo, que busque el bien de la Iglesia, de todos, por sobre el mío.

Recordemos que, al final de las cosas van a quedar tres cosas solamente: la fe, la esperanza y el amor, pero la mayor de las tres es el amor, el que sigue con Cristo, con Dios, va a llegar al final con el amor, porque el amor nace de Él porque él es amor. Amén.

 

Vuestro Pastor

Obispo Alexis Salgado

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