Vida cristiana basada en la Gracia de Dios

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Una vez escuché que nuestra Iglesia Luterana, su nombre, es más grande que su tamaño.  Y eso es cierto.  Esto nos genera sentimientos encontrados porque en nuestro continente una Iglesia se valida dependiendo de cuan grande es.  No obstante, Dios ya nos dio prueba que esto no es así, cuando le dijo al pueblo de Israel:

El Señor no puso Su amor en ustedes ni los escogió por ser ustedes más numerosos que otro pueblo, pues eran el más pequeño de todos los pueblos; mas porque el Señor los amó y guardó el juramento que hizo a sus padres, el Señor los sacó con mano fuerte y los redimió de casa de servidumbre, de la mano de Faraón, rey de Egipto” (Deuteronomio 7:7-8)

Una de las cosas que me hace pensar es que, nuestra vida cristiana, no está basada en nuestras fuerzas sino en la Gracia de Dios.  Tal como canta el himno “¡Oh Dios eterno, tu misericordia, ni una sombra de duda tendrá” esta verdad nos devuelve la tranquilidad que nos dice que Dios está detrás de sus hijos, detrás de su Iglesia, por pequeña y vulnerable que aparezcamos en el mapa religioso nacional.

Con todo, Dios nos ha regalado principios y valores que son los que debemos considerar como un regalo especial.   Una de estas verdades es su mismo evangelio; no aquel que se mete a sangre y sudor, o por tradición, o por terror, sino -reconociendo nuestra incapacidad de llegar a Dios- tomar a Jesucristo como la donación que Dios se hizo por nosotros para salvación. Ese evangelio de la Sola Gracia nos impulsa a valorar su Palabra, aquella que nos habla de romper los paradigmas y estereotipos que hemos construido como cristianismo.  Es por eso, por lo que valoro en nuestra Iglesia Luterana esta diversidad de posturas, una forma diametralmente distinta de ser Iglesia respecto a nuestro contexto.   Todos tienen un espacio, un espacio sagrado como sagrada es la conciencia, pues nace una relación personal con Dios.

Quiero motivarles a descubrir qué otros regalos Dios nos ha dado a este pequeño pueblo, pero con el fundamento muy firme que está enraizado en lo alto y que nos demanda tener una voz en nuestra realidad nacional, pues así lo está pidiendo la necesidad diaria de ser sal de la tierra como parte de la Misión de Dios para cada uno de nosotros.

 

Pastor Alexis Salgado R.

Obispo Iglesia Luterana en Chile

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